Ecos de Leyendas

Ecos de Leyendas
Primer trabajo publicado dirigido a todos los amantes de la literatura épico-fantástica que quieran embarcarse en algo nuevo. El nacimiento de una posible saga la cual ya ha logrado atrapar incluso a un público ajeno a este género por su frescura, diversidad de personajes, tramas y el haber acabado con ciertos clichés de esta literatura con su fluidez. Para más información pincha y entra en la página de faceboock, la sinopsis y trailers hablarán por sí solos.

martes, 28 de noviembre de 2017

Mi Celda

             Mi celda

Capítulo 1

                 El despertar

 Abrí los ojos, y solo había oscuridad, la tenue luz de la luna se colaba por una pequeña ventana con barrotes que apenas iluminaba la estancia, estancia fría de roca antigua con un colchón y el agujero en el suelo de un caño, pues más fría aún era la puerta que me encerraba, de hierro viejo y oxidado con el hueco de una trampilla abajo, donde apenas cabía una mano.

 Me duele la cabeza ¿Qué es lo que ha pasado? Paso mi mano por la zona afectada, está inflamada, con sangre seca y unos puntos mal suturados, parece que he sido atacado, pero… ¿Porqué? ¿Por quién? No recuerdo nada… ¡Nada! Ni mi nombre ¿Quién soy? Intento recordar pero el dolor de mi cabeza aumenta más y más, tengo que parar de pensar, quizás así me despeje, el dolor cese y empiece a recordar. Toco mi cara muy despacio, intentando discernir rasgos, no recuerdo ni mi rostro, lo baño con la luz de la luna que entra por mí pequeña ventana, la contemplo tras los barrotes como si fuera ella la que está encerrada, esperando que confiese, que me cuente o ilumine mi mente para hallar respuestas, para hallarme a mismo, me postro de rodillas y abro mis manos dejando que su luz las ilumine, las miro detenidamente, no son manos delicadas, son manos duras y trabajadas, deduzco que no soy nadie importante, ¿qué me habrá conducido a esta situación? Tengo que parar de hacerme preguntas, mi dolor de cabeza vuelve a aumentar, será mejor que me acueste en ese mugroso colchón, el reposo quizás aclare mi mente, y las dudas que pesan en mi corazón.


Capítulo 2

                 El Desvelo

 La cálida luz del sol acaricia mi cara, me despierto en mi cama, entre mis sábanas suaves, estoy agusto, aún es temprano, creo que me quedaré un rato, mientras entorno mis ojos veo la terraza a través del balcón.
 -Andrés Andrés despierta.

 Abro los ojos en mí oscura celda, me pica el brazo y la pierna, los chinches del colchón an hecho su función, era un sueño… o no, ¿Era mi antigua vida? Ésa voz… me llamó Andrés, ¡Si! Ese es mi nombre, era un recuerdo no un sueño, ¿Quién era ella? Me llamaba con tanta ternura, creo que siento algo por esa persona, ¿Acaso era mi mujer? ¿Estoy casado? Vuelvo a revisar mis manos en busca de un anillo, una alianza, nada… un momento… acerco mis manos a la luz de la luna, a la pequeña ventana, no hay anillo pero sí una perfecta marca de haberlo llevado en el dedo anular, ¿Estuve casado? ¿Me habré divorciado?... No, siento que amo a esa persona aunque no la recuerde… si, estoy casado, y el anillo habrá sido robado por el secuestrador como el resto de mis cosas, mi cartera, mi ropa, para después vestirme con este ridículo saco de faldo, para mofarse de mí… cobarde… ¡COBARDE! Te lo digo a tí que estás ahí fuera, VEN Y DA LA CARA… nadie contesta, estoy alterado y vuelve a dolerme la cabeza, al menos sé cómo me llamo, y que estoy enamorado, tengo sed y hambre, pero más fuerte aún mi apetito de recordar… mi cabeza… el dolor me dice… que no la debo forzar, iré a descansar, a dar de cenar… a los chinches de mi colchón, descansa Andrés descansa, me digo a mi mismo.


Capítulo 3

                     Amanece

 Despierto con los primeros rayos de sol que entran por mi ventana, contemplo el amanecer, que bonito, seguramente ahora nadie esté prestando atención a este momento, insignificante y rutinario pero que a mí me arroja una nueva luz, una esperanza, quizás hoy recuerde algo más, jajaja me hace gracia, deseo más recordar que salir de aquí, es más, no quiero salir hasta saber quién soy, ¿Y si yo e hecho algo malo? ¿Y si merezco estar encerrado? ¿Y si he matado a alguien? ¿Soy un asesino?... No, creo que no albergo tal maldad… no sé, demasiado pensar, mi cabeza se vuelve a sobrecargar, no quiero dormir más, esta vez me intentaré relajar. Vuelvo a contemplar el nuevo día, intentaré ser optimista… quizás sí haya alguien más contemplando el amanecer… pensando esto me siento menos solo… seguro que sí, quizás un par de enamorados, de esos que se dan la mano, y pasan frío y noches en vela, con el calor de sus cuerpos, en sus pechos llama intensa… si, quizás una pareja esté mirando el amanecer como hacía yo con Ana… Ana… la voz de mi sueño, ¡la persona a la que amo se llama Ana! Ana Ana Ana, ¿Cómo puedo acordarme de tu nombre, y no de tu cara? Intento recordarla pero… uff creo que debería comer algo… estoy mareado… parece que el secuestrador no está por la labor de mantenerme con vida, debe sentir desprecio por mí persona… puff estoy débil, tengo que acostarme.


Capítulo 4

                   Macarrones

 Sigo acostado, mareado y débil, de pronto un ruido me interrumpe, és la pequeña trampilla de la puerta, la han abierto con brío para arrojar dentro un táper de comida prefabricada y una botella de agua… agua, bendita agua, me apresuró a gritar.
-¡Dejarme salir! ¡Dejarme salir! ¿Porqué estoy aquí?
 Más unos endebles pasos se pierden por un largo pasillo, no se detuvieron ni un instante, este hombre debía pesar poco, por el eco del lugar y el sonido de su caminar yo diría que unos 82 kilos… espera oigo algo, parece que viene del exterior, es el ladrido de un potente perro, por un momento sonó a la vez por el pasillo y fuera de mi ventana… es decir, que el pasillo debe de conducir a un patio donde está ese gran perro, el mismo al que da la ventana de mi celda, pero esta está muy alta y no me puedo asomar. El ladrido del perro es potente pero afable, el dueño debe de estar alimentándolo ahora mismo, seguro ha tenido un momento de compasión al acordarse de mí también, pero este tipo por lo que he deducido no pudo reducirme solo, además por su forma de andar, como suenan sus pasos… diría que es dócil, que cumple órdenes, alguien lo manipula y controla, ¿Quién es el otro? El que manda, el que me ha metido aquí… ¿Puede que sean socios en un trabajo turbio? Que yo viera algo que no debiera... No, esa docilidad es algo más, puede que sean familia y el chico actúe contra su voluntad, por eso sintió compasión por mí y me trajo agua y… un táper de macarrones.

  Macarrones… los pruebo y me viene un recuerdo, estoy en una cocina cocinando, creo que debe ser mi cocina, veo mis manos como hacen el sofrito a la vez que se cocina la pasta, pero no muevo yo mis manos, es como ver una película en primera persona, a través de una ventana, veo sólo lo que vi en ese momento, hay una voz por detrás.
-A ver…¿Cómo está esto?... Umm.

 Ha venido por detrás mía con una cuchara a probar el sofrito, ¡Es Ana! he intentado mirarla pero era imposible, es solo un recuerdo desde un ángulo que no me ha dejado ver su rostro, tan solo su largo cabello rubio, si, Ana es rubia, y se ha puesto a mi lado, capto su aroma, aroma fresca con toque a canela… esto me hace saltar a otro recuerdo… estamos ella y yo en la cama, yo acaricio su desnuda espalda… ¡Pon! Oigo un estallido que me saca de mis recuerdos, los secuestradores están discutiendo, no alcanzo a distinguir lo que dicen, de todas formas siento ganas de darle las gracias al chico, por los macarrones, que me han devuelto una parte de mí y una parte de ella, sé a qué huele y el color de su pelo, se el tacto suave que tiene su piel, si hoy aún sin memoria me la llegase a cruzar creo que la lograría reconocer, sin conocer su rostro, y gracias a los macarrones.


Capítulo 5

                         Distancia

 Vuelvo a quedarme dormido, ahora sí, con el estómago lleno, el sueño me conduce a otro recuerdo, quizás en este pueda ver el rostro de Ana… si, estoy con ella, vamos de la mano paseando por el parque, aún no puedo verla, voy mirando al frente… al fin nos detenemos para sentarnos en un banco, pero… ¡¿Qué coño hago?! ¡¿Qué coño hacemos?!  Sacamos nuestros teléfonos móviles y empezamos a mirar chorradas, correos, redes sociales ect ¿Esta es la vida que llevo con ella? Ana en un lado del banco y yo en el otro sin dirigirnos la mirada siquiera, joder no, quiero tocarla, quiero abrazarla, besarla, mirarla a sus ojos color miel… si, tiene los ojos marrones, me acuerdo de ellos, de esa chispa que se encendía en estos al mirarme, ¿Porqué ahora no nos miramos? seguimos enganchados en nuestros móviles, ¿Cómo puedo tenerla tan cerca y a la vez sentirla tan lejos? ¿Cómo puede estar justo a mi lado y a la vez a tanta distancia? distancia, ¿Acaso hay distancia entre nosotros?
¿Ya no nos amamos?... no, yo sé que la amo, es esta vida absurda de redes y aparatos que no hacen más que negarnos la felicidad, la felicidad que se encuentra en lo más simple y cotidiano, ¿Porqué ahora tengo que ver este aparato en vez de hablar con mi amada o simplemente regalarnos el silencio de un abrazo?... No me gusta este recuerdo, quiero despertar u olvidarlo... al menos he recordado su mirada y el color de sus ojos, en la situación que estoy no me queda otra que ser positivo, y positivo será todo recuerdo… bueno o malo.


Capítulo 6

             El bueno, el feo y el malo.

  Sale el sol, es el segundo amanecer que veo en mi celda, creo que he estado algún día más inconsciente, cuando cosieron mi herida de la cabeza y demás, ¿Cuánto llevo desaparecido? ¿Tres cuatro días?... No sé, no sé si alguien me busca y en el caso de que así fuera… ¿Estarán siguiendo una pista sólida que les conduzca a mí? ¿Tendré solo que esperar y aguantar para que me encuentren? No sé, ¿he de fiarme de que la policía o quién sea haga su trabajo? No puedo esperar, he de intentar salir de aquí yo mismo, el como ya lo averiguaré, de momento voy a intentar entablar diálogo con el secuestrador, al menos con el “majo” por así decirlo, me refiero al que se ha dignado a darme de comer, a esta hora más o menos vino ayer, estaré preparado y haré que me escuche. Me coloco junto a la puerta de hierro con mi oreja pegada a ella, agachado donde está la pequeña trampilla de la puerta por donde metió la comida… estoy preparado… estoy preparado… parece que no vendrá, llevo al menos una hora de rodillas junto a la puerta… no vendrá… ¡Espera! Oigo pasos, son los suyos, los tenues pasos del secuestrador que ayer me trajo macarrones, viene hacia aquí, está cerca, ¡Ahora! Metí mi brazo rápidamente en cuanto vi abrirse la trampilla de la puerta para agarrar al malhechor por la mano.
-¿Quién soy? ¿Qué queréis? ¿Por Qué estoy aquí?
-¡Suéltame pendejo! ¡Suéltame! -Gritaba el muchacho del sobresalto.

 Ante el alboroto llegó a toda prisa el secuestrador corpulento, sus pasos en carrera parecían estremecer el maltrecho pasillo, no medió palabra, arremetió una tremenda patada al chaval que yacía de rodillas en el suelo mientras yo le sujetaba, tal fue la fuerza con la que le golpeó que lo lanzó por los aires provocando que este se me escapara de mis manos, acto seguido abrió la puerta, no me dió tiempo ni de levantarme del suelo cuando recibí una patada en las costillas que me dejó angustiado, aún así no dejaría pasar la oportunidad de tener frente a frente, cara a cara a este cabrón, tras él podía ver al chaval tirado en el suelo, atemorizado, tenía el rostro desfigurado de recibir palizas repetidas veces... ¡Zas! Me acabo de llevar un puñetazo del gigantón, me está bien merecido, por despistarme, ja, no volverá a pasar, lo estudio mientras le baílo esquivando sus ataques, no sé cómo lo hago, si es instinto o tengo conocimientos de combate, lo desconozco, el tipo pesará más de cien kilos y casi dos metros de alto, yo no soy gran cosa, 70 kilos y 1,74 de alto, acabo de recordarlo, pero no te distraigas Andrés -me digo a mi mismo.
Puedo hacerlo, puedo tumbar a este tío si no llega a darme otra vez, estoy débil para aguantar otro golpe, me lanza otro puñetazo pero rápidamente me agachó y la empujo para separarlo, el grandullón da un par de pasos hacia atrás del empujón.
-¡Ya me estás cansando pendejo!

 Cuando le he hecho retroceder e visto algo… ¡su rodilla si! Su rodilla derecha, o está operada o tiene algún problema en el menisco, sea lo que sea es una ventaja, además los tipos altos también tienen su talón de Aquiles, y es que su centro de gravedad está muy alto, osea, que caen antes, así que… ya sé cómo atacar a esa mole ¡Allá voy!

 Le arremetí una patada con todas mis fuerzas sobre su rodilla dañada, acto seguido salté sobre él con todo mi cuerpo rodeándole con mi brazo su cuello a la vez que giraba sobre mí mismo, inevitablemente caímos los dos al duelo, pero yo sobre él, momento en el cual me ensañé a puñetazos con mi brazo libre en toda su cara una y otra vez, quedó algo aturdido, momento en el cual me puse en pié, era el momento de escapar, ahora sí, lo logré, pero justo antes de atravesar el umbral de la puerta el secuestrador canijo, el feo sumiso de la cara deforme… me cerró la puerta en mis narices.
-¡¿Pero qué haces idiota?! Abre ¡Abre rápido!

No abrió, las innumerables palizas que habían caído tantas veces sobre él muchacho le habían privado de voluntad, ya era tarde, la oportunidad de escapar se esfumó, y tras de mí se alzaba un colérico Goliar que descargó su furia contra mí, yo ya no sabía por dónde me venían los golpes, el último que recuerdo estampó mi cabeza contra la pared dejándome inconsciente.


Capítulo 7

         Días de oscuridad, días de luz.

  No sé cuánto tiempo ha pasado, ¿Cuánto llevo aquí tirado? A duras penas abro mis ojos, los tengo hinchados, no puedo levantarme del suelo, creo que ese bestia me a roto alguna costilla… ah!!! Entre otras cosas… no puedo moverme, tengo sed… creo que debería intentar mantenerme cociente, aunque duela. Es de noche, tengo frío, tengo que mantener mi mente activa, a ver, ¿Qué es lo que recuerdo? Tengo que haber averiguado algo de todo esto, algo que sirva, piensa Andrés piensa… piensa.

 Creo que me he dormido, no siento nada, ni dolor si quiera, no sé si estoy consciente o inconsciente pero… algo ha cambiado, lo recuerdo todo, recuerdo cuando conocí a Ana en un día de lluvia, el destino hizo que tras estallar una tormenta los dos únicos transeúntes que había por la gran vía se resguardasen en el mismo portal, su mechero se había mojado y me pidió fuego… -um lo que daría por un cigarro. Después la lluvia cesó pero nosotros seguimos hablando y hablando, hasta que quedamos para vernos, la recuerdo, al fin veo su rostro, si, la veo vestida de blanco caminando hacia el altar de la iglesia el día de nuestra boda, su cara rebosa alegría, nervios, amor, lo veo todo en este instante, más cuando cojo su mano y la miro a los ojos ella se relaja, sabemos lo que queremos, sabemos que esto es verdadero y que por eso va a salir bien, me veo abrazándola en un barco, en un crucero, nuestro viaje de novios… Si ¡Pendejo! El secuestrador me llamó “pendejo” Ana y yo íbamos de viaje de novios a México, eso es, vimos unos tipos en el puerto mientras paseábamos por la noche, estaban tirando un cuerpo al agua ¡Nos han visto! Grito a Ana que corra mientras yo me quedo ha cortarles el paso para que no la alcancen. Si ese era mi pecado, estar en el sitio equivocado, pero salvé a Ana, me defendí con uñas y dientes hasta que fui golpeado con algo en la cabeza, si ella escapó, estoy seguro de que aguanté lo suficiente para que escapara.

 Recuerdo muchas cosas más, cosas insignificantes que me han hecho feliz a lo largo de mi vida, recuerdo estar tumbado de niño junto a mi abuelo sobre el césped del parque mientras su perro Boby juega, yo era un niño y no paraba quieto, no apreciaba ese momento, ahora mi abuelo no está, y me aferro a ese recuerdo, a ese instante insignificante pero eterno, lo recuerdo y él, sigue a mi lado.

 Recuerdo el olor a naturaleza, la primera vez que subí a la sierra con mis padres y Ana tras habérsela presentado, recuerdo atravesar un arroyo para escalar a la roca más alta que había justo en el centro del agua para jurarle desde ahí, amor eterno.

 Recuerdo cuando conocí a mi mejor amigo Pedro, fui con mi padre a bañarnos al un remanso del río Guadalquivir, un bañaero llamado Charco la pringue, Pedro había ido también con su padre, íbamos juntos a clase, vivíamos en el mismo barrio, pero hasta entonces no habíamos mediado palabra, teníamos cinco años, y ese día en las frías aguas del Guadalquivir se forjó una amistad inquebrantable, por encima del tiempo y del espacio.

 Recuerdo la luna, si, la luna que brillaba en el cielo cuando por primera vez hice el amor con Ana, era enorme, luna llena y roja como pétalos de rosa, tenía magia aquella noche, algo que sin ver, percibes, es como si ese rojo fuego fuera las ascuas de un herrero forjando la unión entre dos almas.

 Creo que no me ha venido mal estar en esta celda, volver a valorar lo que tengo… ahora tengo miedo, de no volver a tenerlo, de no construir más momentos como esos, tengo miedo… pues ya no siento mi cuerpo, dicen que antes de morir pasa tu vida por delante, ¿Será ése éste momento? ¿Por eso recuerdo ahora todo ésto?, No siento nada, soy solo… consciencia sin loción del tiempo… creo... que es el fin.


Capítulo 8


                      Tópico

 Desperté en una habitación toda blanca, tengo varias vías conectadas en ambos brazos, ¿Dónde estoy? ¿Es un hospital? ¿Ha sido todo un sueño? En un sillón al lado de mi camilla veo ropa que creo reconocer que es de Ana, casi puedo olerla, estoy seguro, ha pasado la noche aquí conmigo. De pronto entra una enfermera y se alarma al verme, sale corriendo llamando al doctor, este viene a hacerme pruebas, quiere asegurarse de que mi cabeza está bien, al parecer llevo tres días en coma, que ellos sepan, alguno más pasé en mi celda, pues no recuerdo nada desde la pelea con los secuestradores, el doctor sale al pasillo y da el visto bueno de que estoy bien a un señor, este entra y se presenta.
-Buenos días Andrés, me alegra que estés mejor.
-¿Quién es usted? No recuerdo conocerle.
-Eso es porque no nos conocemos, soy el inspector Sebastián Castellanos, he estado siguiendo su pista desde que su mujer denunció su desaparición, ha estado secuestrado por unos traficantes de órganos.
-Entiendo, por eso me mantenían con vida.
-Por suerte recibimos un chivatazo de una posible venta, si llegamos a tardar un día más…
- Gracias por su eficacia inspector, les debo la vida.
-Es nuestro trabajo.
-¡Andrés, Andrés! -Irrumpió Ana en la habitación entusiasmada, llorando de alegría, me dió tal abrazo que me crugió mis costillas fracturadas.
-Buenos les dejo, que pasen un buen día -se despidió el inspector.

 Y ahí me quedé, abrazando y besando a Ana sin creerme volverla a tener entre mis brazos otra vez. Recuerdo un tópico, dicen que quienes han estado en circunstancias cercanas a la muerte les cambia la manera de ver la vida, es un tópico sí, pero es cierto, ahora valoro otras cosas, la salud, el aroma y el tacto de mi mujer, la luna que me alumbra en noches oscuras, el sol que me regala cada mañana un nuevo día. Yo os digo por todo aquello que no valoramos, hacer que cada día cuente, puedes ayudar a alguien o regalar una sonrisa con tan solo ser amable, hacer que cada día cuente, es otro tópico, pero me siento dichoso de esta manera de ver la vida, esta perspectiva que me regaló… mi celda.